Leí las referencias de esa página a los derechos de autor y otros conceptos éticos y jurídicos referidos a una imagen que publica esa página. ¡Qué bueno!
Envié, además, hace unas semanas, un comentario al artículo sobre las princesas, que toma un cuento mío y con total desparpajo lo transcribe, con otro título, sin ninguna referencia al autor ni al título verdadero del relato. Además, con el agregado de dos comentarios sarcásticos, de distintos autores, digo, autoras.
Es posible que no lo hayan leído, Tito y Tita. Les sugiero que lo hagan.
Es la hipótesis menos dura que me surge ante los hechos. Porque no he recibido la menor respuesta. NADA.
Primero, pensé. Para no dejarme llevar por sensaciones primarias.
Después me hice una composición sobre los derechos, todos, de unos y otros, y hasta esbocé un perfil ético de los participantes en el engendro.
Más tarde leí con detalle toda la página y resolví olvidarlo. Parecía apresurado. La página, en general simpática, familiar, sencilla, hace pensar en otros rasgos personales.
Asi que resolví esperar, lo que hice hasta hoy.
¿Debo esperar todavía? No. La verdad, no
¿Qué hacer?
Comencemos por este nuevo correo.
Con el respeto y predisposición simpática a que me lleva una visión general de vuestra página, pero sin poder dejar de lado esta sensación de ninguneo, de burla, y la duda instalada sobre los valores que predican, los saludo otra vez. Como diciendo: "eh, estoy aquí"
Tal vez así logre respuestas que me hagan sentir sujeto de su consideración mínima. Y hasta pueda aspirar a que se den por aludidos, corrijan los fallos en la página, y, si lo creen oportuno, digan algo que por lo menos llene el espacio de la nada como respuesta.
Por eso que ustedes dicen de los derechos ¿no?
Por mi parte, estoy dispuesto no sólo a entender, sino hasta ser visitante. Y, con la vista el el horizonte, hasta colaborador ocasional, eso sí, voluntario, consciente, y con referencias a quien dice lo que dice.
Eso es lo que me gustaría poder hacer.Entender, y que ello sea un punto. Final o seguido, como ustedes quieran.
Este correo debió ser escrito desde el humor, que es mi gusto, pero cuando éste se apega al sarcasmo, que es lo que me surge de los hechos, no ayuda a los consensos. El humor es un estado de comunicación, a partir de una mirada tibia aunque algo desencantada, que busca la complicidad. El sarcasmo se basa en la agresión, y procura la burla. Por eso el tono de este mail, demasiado serio y hasta formal.
Saludos, pelados (ojo, no ustedes, estos saludos), que aspiran a ser adjetivados gratamente, con el goce natural de la vida y la gente, que siento siempre. Aunque a veces me cueste dejar jugar en el mundo.
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Tita y Tito:
Leí las referencias de esa página a los derechos de autor y otros conceptos éticos y jurídicos referidos a una imagen que publica esa página. ¡Qué bueno!
Envié, además, hace unas semanas, un comentario al artículo sobre las princesas, que toma un cuento mío y con total desparpajo lo transcribe, con otro título, sin ninguna referencia al autor ni al título verdadero del relato. Además, con el agregado de dos comentarios sarcásticos, de distintos autores, digo, autoras.
Es posible que no lo hayan leído, Tito y Tita. Les sugiero que lo hagan.
Es la hipótesis menos dura que me surge ante los hechos. Porque no he recibido la menor respuesta. NADA.
Primero, pensé.
Para no dejarme llevar por sensaciones primarias.
Después me hice una composición sobre los derechos, todos, de unos y otros, y hasta esbocé un perfil ético de los participantes en el engendro.
Más tarde leí con detalle toda la página y resolví olvidarlo. Parecía apresurado. La página, en general simpática, familiar, sencilla, hace pensar en otros rasgos personales.
Asi que resolví esperar, lo que hice hasta hoy.
¿Debo esperar todavía? No. La verdad, no
¿Qué hacer?
Comencemos por este nuevo correo.
Con el respeto y predisposición simpática a que me lleva una visión general de vuestra página, pero sin poder dejar de lado esta sensación de ninguneo, de burla, y la duda instalada sobre los valores que predican, los saludo otra vez. Como diciendo: "eh, estoy aquí"
Tal vez así logre respuestas que me hagan sentir sujeto de su consideración mínima. Y hasta pueda aspirar a que se den por aludidos, corrijan los fallos en la página, y, si lo creen oportuno, digan algo que por lo menos llene el espacio de la nada como respuesta.
Por eso que ustedes dicen de los derechos ¿no?
Por mi parte, estoy dispuesto no sólo a entender, sino hasta ser visitante. Y, con la vista el el horizonte, hasta colaborador ocasional, eso sí, voluntario, consciente, y con referencias a quien dice lo que dice.
Eso es lo que me gustaría poder hacer.Entender, y que ello sea un punto. Final o seguido, como ustedes quieran.
Este correo debió ser escrito desde el humor, que es mi gusto, pero cuando éste se apega al sarcasmo, que es lo que me surge de los hechos, no ayuda a los consensos. El humor es un estado de comunicación, a partir de una mirada tibia aunque algo desencantada, que busca la complicidad. El sarcasmo se basa en la agresión, y procura la burla. Por eso el tono de este mail, demasiado serio y hasta formal.
Saludos, pelados (ojo, no ustedes, estos saludos), que aspiran a ser adjetivados gratamente, con el goce natural de la vida y la gente, que siento siempre. Aunque a veces me cueste dejar jugar en el mundo.
Domingo Mendívil
La Chicharra Mellada
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